La fémina vanguardista y siempre radicalmente seductora que una y otra vez dibuja Amaya Arzuaga se libera la próxima primavera del rigor geométrico y la silueta cortante para mostrar, al fin, su piel soñada. Escotes subrayados por trazos negros anuncian a una mujer vestida con lo esencial -monos mini, transparencias, bodys de punto- y coloreada con sutileza.
La fragilidad se muestra sensual mediante la búsqueda de la ergonomía de los materiales -seda con lino, tafetán doble, cuero flexible- y el minimalismo se construye desde un firme compromiso con la costura más exigente. El virtuosismo asoma en estructuras de rafia y plisados en acordeón, pero la marca de la casa resulta más delicada y matizada que nunca.
Por algo estamos en París y la diseñadora burgalesa figura como única corredora española en el delirante maratón multiétnico que representa la semana del pret-a-porter en la capital mundial de la moda. Una aventura en toda regla emprendida con iguales dosis de madurez y riesgo. Y una vez más, un regalo para la vista.