La empresa propietaria de CK ha anunciado la compra de Tommy Hilfiguer.
Philips Van-Heusen empezó a principios de siglo a hacer camisas para hombres. En los años treinta ya era la marca predilecta de los ejecutivos agresivos de Nueva York.
Ochenta años después, el apellido del fundador ha pasado a ser el nombre que da título a un conglomerado de empresas especializadas –en su mayoría– en moda masculina y americana. Es una de las corporaciones con más poder y con más tentáculos extendidos alrededor del mundo –geográfico en general y de la moda en particular–. Es, para entendernos, el tipo de empresa que se esconde detrás de los llamativos nombres comerciales de las marcas de moda y que gestiona los escaparates y las tendencias desde la más absoluta discreción.
Entre sus empresas están la propia Van Heusen, Arrow, Izod y Calvin Klein. Hace unos días se anunciaba que el gigante americano va a pasar a gestionar a la marca clásica del preppy internacional y eterno: Tommy Hilfiguer.
La firma, más americana que la tarta de manzana, va a pasar a formar parte de la gran corporación, se prevé, para la próxima temporada. Una nota; Tommy Hilfiguer no ha notado en absoluto la crisis de consumo. Es más, han mejorado las ventas en este último semestre. Parece ser que las barras y las estrellas están protegidas ante la crisis. Van-Heusen, que sabe dónde se mete, ha apostado por caballo ganador.