La venezolana crea su nueva colección partiendo de libros de botánica del siglo XVII.
Nueva York. Todo ha resultado a pedir de boca: la música de Javier Peral, la puesta en escena final con todas las modelos, 30, formando un carrosuel de idas y venidas por la pasarela y, al fondo, un gigante video que plasmaba lo que sucedía a pie de pasarela....y con el saludo de Carolina Herrera tras sus maniquíes, la salva de entusiastas aplausos.
El próximo verano del 2010 según la exitosa creadora venezolana se percibe en clave floral. Porque serán sus colores, sus texturas y sus formas los que den pie a una de las colecciones más contundentes y suntuosas de los últimos años firmadas por ella.Creadora de ideas muy claras, esta cosmopolita mujer que lleva toda una vida afincada en Nueva York, está de celebración al cumplir nada menos que 30 años en el diseño de moda. Un número redondo para unas piezas redondas, porque las blusas de organza y gazar o los vestidos de noche en jaquard y satén destilaban el mejor de los aromas. Armonía y estética, lujo y creatividad. En suma, 52 salidas con nombres de mujer cada una de ellas. De Annais a Sigrid, Kendra, Charlotte o Constante, cada una de las piezas que salían a la pasarela se podían admirar.
Los trabajos del día vienen rectos, de formas longuilíneas y con caprichosos escotes mientras la noche se presta a dar rienda suelta a la fantasía del color y el estampado floral generoso. Carolina Herrera ha plasmado en muchas de sus prendas láminas entresacadas de un jardín botánico antiguo que sirven de reclamo para la femineidad más atractiva llevando como argumento de la colección diferentes apliques en bordados e incrustaciones de lentejuela, azabache y porcelana para flores evanescentes.