La edición 2010 de esta feria, cada vez mejor estructurada, mostró algunas interesantes propuestas otoño-invierno 2011 con 32 desfiles a lo largo de cinco días.
Hernán Zajar ofreció una descarga de color, usando elementos artesanales de la cultura Wayuú para formular una moda contemporánea, fresca y muy latina. Adaptó mantas a minivestidos bordados con temas florales y geométricos y a vestidos largos pintados a mano, sofisticados y étnicos. Interesante el contraste de materiales entre sedas, chiffon y satén con los bordados en lana. Excelentes los accesorios, como los bolsos con flecos de lana, y los brazaletes de metal rematados en lana. Desconcertaron, sin embargo, los trajes de noche con los que rompió el eje conceptual de la colección.
Lina Cantillo, inspirada en Dash Snow, mostró una colección urbana y cómoda. Jeans desgastados en lycra-algodón, siluetas alargadas, chaquetas de alpaca sin forro, camisas de cuadros, pantalones en fucsia rompiendo con la paleta otoñal, camisetas estampadas... algunos brochazos de pintura blanca como toque final en algunas chaquetas dieron el toque trash al espíritu rebelde que la diseñadora reivindica.
Julieta Suárez exhibió una colección magnífica inspirada en la protagonista del libro 'Desayuno en Tiffany's' de Truman Capote. Cortes retro de los 60, vestidos trapecio, cinturas entalladas, faldas tubo, transparencias con apliques circulares y un interesante trabajo en plegado geométrico en telas. Los vestidos en beige con apliques de flores y pájaros, cortados al sesgo, realzan delicadamente la silueta. Adopta el largo por excelencia: por encima de la rodilla, elegante y versátil.
Con clásica elegancia y perfecta factura, María Luisa Ortiz propuso una interesante mezcla de telas ligeras como el chiffon con otras pesadas como el terciopelo, en colores invernales muy elegantes como plata, negro, azul o beige. Destacaron los vestidos largos de gala, los boleros y un magnífico trabajo de volumen en las faldas largas. Espaldas y hombros descubiertos, imprimieron sensualidad a los modelos junto a las transparencias.
María Elena Villamil presentó telas tan fluidas que parecían respirar en tonos rosa, gris, verde y azul pastel que reforzaban ese carácter orgánico de la ropa. Un desacierto: los faldones en franjas horizontales pasados de temporada.
Divino presentó una historia de reflexión socio-política sobre Colombia, echando mano del camuflaje, de un rojo muy simbólico (sangre, pasión) y del blanco y negro como básicos sobre los cuales se jugó con estampados emblemáticos como el escudo colombiano. Esta propuesta casual, con cierto aire punk, resultó más interesante como expresión artística que como propuesta de moda en sí.