La firma inglesa copia a Alexander Mcqueen en una nueva hornada de vestidos.
No vamos a poner el grito en el cielo. La copia en moda (llámala versión) es algo que, a priori, parece inevitable. La delicada línea de la autoría es muy difícil de determinar. A no ser, claro está, que la evidencia sea tan descarada que resulte incómoda.
Todas las grandes compañías se nutren de lo que ven en las pasarelas y saben perfectamente de las estrategias para evitar tropezar con el derecho de autor. Esta vez, y especialmente por la avalancha mediática que ha generado la muerte de Alexander Mcqueen, no iba a ser menos.
Como era de esperar, la compañía ha barrido para casa. Lo único que ha podido declarar Topshop es que la producción de la línea empezó antes de la muerte del diseñador, lo que les exculpa, en cualquier caso, de intentar hacer caja a costa de una desgracia.
Dejando este tipo de cuestiones de lado, no hay duda que el equipo de la empresa se ha inspirado, tanto en formas como en colorido (no tanto en los motivos), en los diseños que presentó la casa Mcqueen la temporada pasada.
Ahí lo dejamos. Juzgad por vosotros mismos.