Abrazando el clasicismo con la seguridad que sólo confiere un gusto afinado en la más estricta contemporaneidad, Christopher Bailey acaba de entregar en la semana de la moda masculina de Milán otra de sus logradas colecciones para Burberry Prorsum.
El gentleman inglés aparece aquí reformulado en siluetas súper estilizadas gracias a trajes entallados, elegantes abrigos Chesterfield y otras piezas de sastrería concebidas para el joven caballero urbanita. Los volúmenes (y una controlada osadía cromática) aparecen en gabardinas oversize y chaquetones cortos acolchados con rayas tipo college, mientras las bomber cortas, ceñidas y con cuello chimenea aportan un punto de chulería indispensable a esta rigurosa celebración del estilo british.
El hombre de Burberry, en cualquier caso, no teme a la ternura de los estampados de búhos y zorros dibujados en sus jerséis de lana ni a la sutil decadencia de los cuellos abiertos y caídos. Ahí están los complementos suntuosos para anclar su estética a la más atemporal aristocracia: paraguas con empuñadura de resina en forma de cabeza de animal, bolsones de ante, gorras de campo en tweed texturizado, bufandas de cashmere ultraligero y bluchers ultraortodoxos.
La destreza de Bailey consigue incluso aligerar modelos a priori tan rancios como los trajes de terciopelo, y recurre con buen ojo a tonos como el bronce, el burdeos, el azul tinta o el verde oliva, animando un universo cromático estrictamente viril para un solemne invierno del 2013.