01 / Apr / 2010
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Peter Lindbergh y Vogue USA: vuelta al amor

Mario Ximénez

Rey del blanco y negro, promotor de las supermodelos e hijo pródigo de Condé Nast, vuelve después de 18 años de ausencia.

Peter Lindbergh no tardó en sobresalir dentro del mundo de la fotografía en su Alemania natal. A los 27 años se convirtió en ayudante de uno de los fotógrafos más importantes del país, Hans Luxs. A los 34 dio el salto a París de la mano de la revista Stern, publicación que comenzaría a abrirle las puertas de publicaciones internacionales como Vanity Fair, Rolling Stone o las diferentes ediciones de Vogue.

El éxito de Lindbergh tuvo su punto álgido en enero de 1990. La portada de Vogue UK mostraba a Naomi Campbell, Linda Evangelista, Tatjana Patitz, Christy Turlington y Cindy Crawfod como auténticos iconos de belleza de la sociedad norteamericana. Nacía la era de las supermodelos. El paradigma de Lindbergh tuvo una respuesta hostil por parte de Grace Mirabella, entonces editora jefe de la edición americana de Vogue, y el director editorial Alexander Lieberman, cuya justificación fue "no podemos permitirnos el lujo de contratar a las mujeres que fotografias".

A partir de ese año, 1992, Lindbergh trabajó en Estados Unidos con Harper's Bazaar y mantuvo su relación con Vogue en las ediciones de otros países. Dicha situación cambió hace poco cuando Anna Wintour y Grace Coddington le propusieron volver a trabajar para la revista americana. "Es como ser la oveja negra de la familia y tu hermano mayor te pide que vuelvas a casa". Sin embargo, tal y como se encuentra la industria actualmente, ¿traerá Lindbergh algo nuevo a las páginas de la edición americana de Vogue?

"La fotografía de moda se ha perdido en las ornamentaciones. Hay demasiada parafernalia alrededor. El pelo o el maquillaje son demasiado protagonistas. En este momento, todo el mundo trata de ser más joven. Y yo pienso que la juventud está sobrevalorada, lo único que me preocupa es expresar la naturalidad desaparecida", dijo el fotógrafo para WWD.
El asunto puede resultar complejo, ya que en muchas de sus críticas se encuentran implícito el modus ponens de la revista a la que hoy regresa. En Vogue es común el retocado de las fotografías, los peinados artificiales o el maquillaje como una prenda más. Cosas que no dan la sensación de naturalidad que parece buscar el alemán. No obstante, nos encantará ver las futuras sesiones que este brillante fotógrafo ofrecerá, como ya lo hizo en la sesión de modelos sin maquillaje que produjo en 2009 para Harper's Bazaar.

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