El deseo de la imagen en movimiento.
Parece que el vídeo como nuevo soporte de imagen, se asienta cada vez más. Una creciente demanda de tecnología, así como la consecuente adaptación de los medios editoriales, ha hecho despertar a directivos y creadores, planteando el vídeo como soporte principal de comunicación, para un consumidor, que al igual que la tecnología, avanza y exige más. En definitiva: la búsqueda de un mayor atractivo emocional en busca de crear experiencias, que vayan más allá de la publicidad tradicional, y consigan despertar sensaciones en el cliente.
Recientemente hemos podido ver el último y terrible shortfilm de Chanel, emulando el espíritu de Saint Tropez, a donde regresaba un atractivo Pascal Gregory, tras 30 años; o bien el caso de Dior, presentando el tercero de los cortos realizados para la firma por David Lynch, protagonizados por la oscarizada Marion Cotillard. Esta nueva tendencia sólo viene a complementar la pelea de las marcas por prestar sus diseños para las más afamadas películas.
¿Han adquirido las prendas un valor añadido? Pongamos el caso de Sexo en Nueva York. "Mira, unos Manolo, como los de Carrie Bradshow", "Quiero un anillo de Tiffany´s como las chicas de Sexo en Nueva York". Más de una vez hemos escuchado estas frases. Y es que ¿se han dejado de comprar unos Manolo por lo que son, para hacerlo por sentirte Carrie Bradshow?
En cualquier caso, ¿Conseguirán las firmas con sus videos igualarse al poder de tan afamadas películas?