Editorial

Epílogo Cibeles Madrid Fashion Week

Cibeles, fuera de nuestras fronteras es: ¡la pasarela de España! y esta circunstancia, además de un honor, es un compromiso, del cual debiéramos cuidar no sólo con mimo sino también con mano dura.

Cibeles Madrid Fashion Week es la plataforma donde coinciden en su calendario diseñadores tanto jóvenes como veteranos, vanguardistas, clásicos, costureros, así como también nuevos estilistas que anhelan llegar a tener “un lugar en el sol”. La pasarela madrileña posee algo poco común en nuestro país, la perseverancia y la veteranía, pues más de cincuenta ediciones continuadas es algo insólito -sin duda-, aunque no puede olvidarse la necesidad de revisión, bajo mi punto de vista totalmente necesaria y vital.

Seis jornadas de pasarela es una duración admirable que acerca a Cibeles a sus hermanas mayores, léase París, Milán, Londres, New York… Seis días dan para mucho, tanto para lo bueno como para lo menos bueno… se debería tener clarísimo que lo más importante en una fashion week es la selección de diseñadores y Cibeles debiera, por ello, reconsiderar en profundidad su calendario. Intentaré explicarme…

Comencemos con los jovencitos y El Ego de Cibeles. La selección es nefasta y fuera de toda premisa que se acerque a la vanguardia, las propuestas vistas, carecen de carisma y de juventud propiamente dicha, se trata de un deja vu y no más que un deseo de continuidad de lo hecho por sus mayores. No hay medias tintas: ¡cambio radical! Hay mucho talento en España y éste no está precisamente representado en El Ego.

Y sigamos con los desfiles dobles del segundo día: hay diseñadores con talento que no debieran presentar sus colecciones en este tipo de presentaciones. En las siguientes jornadas, algunos de los “consagrados” no tendrían que seguir en Cibeles, tanto por sus nulas propuestas como por su carencia de ventas. Hay que unir, sin duda, la creatividad con la comercialidad. No podemos seguir, como hasta ahora, “engordando a la bestia” viendo en pasarela a diseñadores que no venden un clavo y que, edición tras edición, sólo se caracterizan por una seña de identidad común: el bostezo.

Madrid, capital de las Españas, y sus nuevas generaciones, debieran ser los co-protagonistas de CMFW. En esta edición, hemos observado y quedó clarísimo el amor por la Moda de los más jóvenes. Anhelan poder entrar en los desfiles y dar color al village. Hasta que las gradas no estén repletas de ellos, probablemente Cibeles carecerá de alma.

Madrid -villa y corte- debe poseer el otro cincuenta por ciento del calendario, y la clase, el estilo, el savoir faire y la venta deben ser exigencia a creadores y costureros que estén en este nuevo Cibeles. Madrid, si tiene un pedigrí en la moda, es con la couture. Esta circunstancia se debiera potenciar al máximo, junto con un pret a porter de lujo. ¿Se imaginan a lo más rabioso de la juventud dándose la mano con el señorío? Eso sí, juntos pero no revueltos 😉

madrid

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